¿Por qué hay sedimento en las botellas de vino?

Quizás algunos hayan observado esta característica en las botellas de vino, en las que se puede apreciar un sedimento o cierta clase de depósitos cristalizados en la base inferior. Aunque depende del tipo de vino, de si es vino tinto o blanco, o si es un buen vino o no, en general es algo bastante común y que proviene desde las etapas más tempranas de la elaboración del vino, así que ahora vamos a ver por qué es que hay sedimento en las botellas de vino.

Si alguna vez vieron sedimento en la botella de vino pueden haber pensado que podía ser algo peligroso o desagradable, pero lo cierto es que los sedimentos del vino son algo completamente natural y de lo que no cabe preocuparse. Más aún, el sedimento es en general un signo de la buena calidad del vino.

El sedimento puede formarse simplemente en la botella durante el proceso de fermentación o de maduración del vino. Algunos tipos de vino son más propensos a desarrollar sedimento, mientras que en otros rara vez se encuentra.

El primer sedimento que aparece en el vino lo hace durante la etapa de fermentación y es denominado poso. Este sedimento consiste en células de levadura muertas, proteínas, trozos de racimos y restos de piel de la uva, entre otras materias sólidas que se han asentado en el fondo de los tanques utilizados para la fermentación.

El vino es mantenido con este sedimento por un tiempo, ya que le permite desarrollar mayor carácter y mayor complejidad, siempre y cuando la mezcla sea manejada con habilidad, o de otro modo puede desarrollar sabores perjudiciales para el vino.
Clarificación y envasado

Posteriormente, ese sedimento inicial es eliminado a través de un proceso que podría denominarse “clarificación”, en el que el vino es filtrado al pasarlo desde los tanques de fermentación hacia las barricas o toneles en los que se va a madurar (generalmente barricas de roble).

Durante la maduración en los barriles, es posible que se forme más poso, por lo que es muy común que luego el vino sea extraído con un sifón de su primer barril para ser pasado a otro, e incluso este proceso se puede repetir dos o tres veces.

Cuanto mayor sea el tiempo en que el vino esté en contacto con el sedimento inicial, mayor será la complejidad y el carácter que adquiera el vino. Hoy en día, muchos de los productores de vino intentan eliminar la totalidad del sedimento cuando se pasa el vino a la botella, pero en muchos casos, restos de este sedimento llegan hasta el vino una vez embotellado. En los vinos espumosos y champagnes, la fermentación secundaria se produce cuando ya están envasados, por lo que son todavía más propensos a tener sedimento.

Hay otro tipo de sedimento que se produce no en el proceso de fermentación, sino posteriormente, en la propia botella y a causa del añejamiento del vino dentro de ella. Este sólo se observa en vinos tintos que hayan sido añejados por ocho años o más, por lo no se encontrará en botellas que hayas comprado hace poco tiempo.

Este sedimento en las botellas de vino conviene que sea cuidadosamente removido a la hora de beber el vino. Está formado por taninos y otras materias sólidas que con el añejamiento van cayendo hacia el fondo de la botella, y también beneficia al sabor dándole mayor complejidad, pero cuando el vino se va a beber, puede aportar un sabor amargo y desagradable.

Aún si el sedimento no es muy fuerte, de todas maneras interferirá con los demás matices que ha desarrollado el sabor del vino durante el añejamiento.